Vivac en nieve
Vivaquear en la nieve puede ser en invierno la mejor manera de pasar la noche, si se
da la circunstancia de que por cualquier motivo no hemos podido regresar a tiempo a
la tienda para pernoctar. Tomando unas mínimas precauciones podremos sobrevivir
a las bajas temperaturas, ya que la nieve es un excelente aislante. Un pequeño equipo
de emergencia consistente en una manta aluminizada, una pala de plástico - las hay
muy ligeras y sin mango, que se adaptan al bastón de trekking - una vela que caldee
el habitáculo que será nuestro abrigo y una ración extra de comida, nos facilitara las
cosas. Prevenir que la ropa no se moje por el contacto con la nieve o debido al exceso
de sudoración nos ayudara a evitar una hipotermia.
Lo primero que haremos será elegir el lugar en el se ubicara el refugio. Trataremos
de evitar los lugares expuestos a las avalanchas. Cuando este decidido comenzaremos
a trabajar sin dilación para terminar cuanto antes. Algunos árboles, en particular las
coníferas, son similares en las zonas más cercanas al
suelo a un paraguas abierto. Un lugar perfecto en el
que cobijarse. Cavaremos hacia la base del tronco, en
busca de las cámaras de aire que se suelen formar a
su alrededor. Limpiándolas y adaptándolas a nuestro
tamaño aprovecharemos la protección de las ramas y
la nieve para preparar el vivac. Otra opción es hacer
una zanja en la nieve, quizás detrás de un montículo
o de unas rocas para estar más resguardados. En su interior tallaremos, a lo largo de una de las paredes, un hueco - una especie de nicho - que será el espacio que servirá
de habitáculo para tendernos, evitando así el impacto directo de la posible helada. Si
no es posible podemos hacer con ramas, nieve y los bastones un techo, y tumbarnos
en el fondo. Otra posibilidad viable es la de fabricar un rustico iglú. Si participan en
su construcción varias personas se realiza en poco tiempo. El proceso es el siguiente:
primero se hace un montón de nieve y sin apelmazarla se ponen encima las mochilas
cubriéndolas a continuación con mantas aluminizadas. Seguidamente, tapamos todo
con una gruesa capa de nieve y la compactamos bien con la pala o golpeando con las manos. Es el momento de abrir un túnel hacia las mochilas. Sacándolas y vaciando
la nieve sin apelmazar que quedo debajo, quedara un espacio que podremos agrandar
cavando en el suelo, hasta adaptarlo al tamaño que necesitemos.
La cueva en la nieve es la mejor solución para pasar la noche, nos protege del viento
y del frío. En su interior la temperatura bajara muy poco de los 0º C. El aspecto más
problemático es que se precisa de un notable grosor de nieve para su construcción. Si
es escaso hay que buscar en lugares en los que pueda acumularse: hondonadas etc ...
Se cava de cara a la pendiente, profundizando en ella. Después, se amplia la cavidad
haciéndolo a cada lado de la misma. El techo debe ser liso y estar inclinado hacia la
puerta para evitar el goteo. Delante de la puerta se puede levantar un muro que frene
la entrada del viento, pero sin bloquearla. En la parte de dentro justo a la entrada, un
pequeño foso acumulara el aire frío, más pesado que el caliente. Ventilar la cueva es
fundamental. Haremos agujeros - a los lados y en oblícuo para minimizar la perdida
de calor - que fuerzen una mínima corriente de aire con la entrada.
 Técnica