Las rutas
Cuando se decide hacer una ruta de montaña, lo primero que hay que hacer es elegir
el objetivo, que puede ser una cima o una travesía. La elección debe ser estudiada de
forma meticulosa: el itinerario y su orografía, la duración, las etapas, los lugares de
acampada, posibles rutas de escape por si empeora el tiempo, la situación de fuentes
y corrientes de agua etc ... . Esto nos permite crear una imagen de la ruta que vamos
a hacer y contribuirá a que tengamos un mayor control del recorrido. Nos serviremos
para ello de un mapa. Los encontraremos de cualquier zona montañosa del mundo.
Los mapas del Servicio Geográfico del Ejercito son en el caso de España, fiables y se
encuentran con facilidad en cualquier tienda especializada. Existe una red de sendas
señalizadas por toda la península y las rutas más fáciles para subir a las cumbres de
montañas, llamadas rutas normales, suelen estar marcadas con pequeños montones
de piedras: los hitos. Siguiéndolos estaremos en la ruta de la que son guía.
También debe elegirse un compañero, nunca salir en
solitario.Mejor si existe un mutuo conocimiento para
evitar sorpresas como descubrir que tiene una forma
física insuficiente, menos experiencia de la esperada,
etc. Si se sale con varias personas hay que tener muy
en cuenta que el más débil condicionará la capacidad
de avance del grupo y su velocidad.
Prever el material y equipo que vamos a necesitar, es
otra de las cosas que hay que hacer. Para organizarse, lo mejor es hacer una lista de
lo que vamos a llevar y dividirla en secciones. Podemos dedicar una al descanso, otra
a la ropa etc... . En cada apartado anotaremos los objetos que llevaremos para cubrir las necesidades de cada sección. Al ir metiendo las cosas en la mochila haremos una señal para tener claro lo que llevamos y al volver, poder comprobar si nos falta algo.
Una vez comenzada la ruta debemos evitar los arranques rápidos y comenzar a andar
despacio, llegando de forma progresiva al ritmo que pensamos mantener. Cuando se
acentúa la inclinación del terreno hay que intentar mantenerlo acortando el paso. Es
aconsejable mantener el ritmo rutinariamente, ya que los cambios nos causan fatiga.
Si se sigue un sendero marcado en dirección a nuestro objetivo, deberemos confiar en esa huella creada por otros que pasaron antes que nosotros y seguirla mientras no
nos desvíe de muestra meta. Si no hay senda, estudiar el relieve y trazar una ruta que
tenga referencias claras - un árbol, unas rocas ... - y que aproveche los pasos fáciles.
Avanzar en línea recta, lo más seguro es que suponga cruzar por zonas con cambios
bruscos de inclinación y pasos complicados. Un itinerario estudiado es más rápido y
seguro aunque sea más largo. En terrenos accidentados la línea de crestas suele ser
más fácil de transitar, por ser escasa o nula la vegetación.
En montaña hay que olvidarse de los kilómetros y pensar en parámetros de desnivel
y horas de marcha. Como orientación, si no se anda a más de 3500 metros, se puede
calcular una media de 300 mts de desnivel por hora si subimos y 450 si bajamos. Se
aconseja preveer paradas de 10 minutos por cada hora de marcha. Estas pausas, no
deben hacerse antes de un esfuerzo, es mejor superar la dificultad antes de detenerse.
 Nociones